Barrio de Santa Cruz de Sevilla: guía del antiguo barrio judío

Barrio de Santa Cruz de Sevilla: guía del antiguo barrio judío

En dos minutos 🍊

  • El barrio de Santa Cruz es la antigua judería de Sevilla, junto a la Catedral y los Reales Alcázares.
  • Sus calles empedradas y sus plazas con naranjos deben su aspecto actual a una reforma de principios del siglo XX.
  • Entre las paradas obligadas están la Plaza de Santa Cruz, la Plaza de los Venerables y el Callejón del Agua.
  • Se recorre a pie, sin prisa, y conviene calzado cómodo por sus calles irregulares.
  • La primavera, con el azahar en flor, es la mejor época para visitarlo.

A media mañana, cuando el sol ya pega fuerte en la Plaza del Triunfo, basta con girar una esquina para que el ruido de los grupos turísticos se apague de golpe. Es lo que ocurre nada más entrar en el barrio de Santa Cruz: la ciudad cambia de escala.

El barrio de Santa Cruz de Sevilla es la antigua judería, un entramado de calles estrechas y plazas con naranjos que se extiende junto a la Catedral y los Reales Alcázares, en pleno casco antiguo de la ciudad. No es un monumento aislado, sino un tejido de callejones que hay que caminar para entender.

Esta guía explica de dónde viene ese trazado, qué merece la pena ver, cómo enlazarlo en un paseo con sentido y cuándo conviene ir para disfrutarlo sin agobios.

Historia del barrio de Santa Cruz: de judería a símbolo de Sevilla

Tras la conquista de la ciudad por Fernando III en 1248, la comunidad judía se instaló en esta zona, que entonces formaba un único conjunto con los actuales barrios de Santa María la Blanca y San Bartolomé. Durante más de un siglo fue el corazón de la vida judía sevillana, con sus propias sinagogas y su propio trazado de callejones.

Ese equilibrio se rompió en 1391, cuando una revuelta antijudía dispersó a la comunidad y dio lugar a los tres barrios diferenciados que hoy conocemos. Un siglo después llegó el golpe definitivo: en 1483 un edicto inquisitorial expulsó a los judíos de las diócesis de Cádiz, Sevilla y Córdoba, y en 1492 el Edicto de Expulsión de los Reyes Católicos dejó el barrio prácticamente vacío. Durante siglos, Santa Cruz fue una zona modesta y en decadencia, muy lejos de la postal que es hoy.

La transformación llegó a principios del siglo XX, entre 1912 y 1920, cuando el marqués de la Vega Inclán, comisario regio de turismo, impulsó una reforma urbanística pensada ya para el visitante. El arquitecto Juan Talavera y Heredia ejecutó buena parte de esa reforma: plazas de estilo andaluz, pavimento de ladrillo a sardinel, fuentes, azulejos y jardines. Todo culminó de cara a la Exposición Iberoamericana de 1929, que fijó para siempre la imagen romántica del barrio: naranjos, jazmines y callejones sin salida. Conviene no confundir esa imagen con los límites administrativos actuales, delimitados en 2006 y bastante más extensos que la judería histórica original.

Qué ver en el barrio de Santa Cruz

Perderse por Santa Cruz tiene su lógica: casi cada plaza y cada callejón guarda algo que explica el barrio entero.

Plaza de Santa Cruz

Reformada en 1918 por Juan Talavera y Heredia, esta plaza recogida y sombreada ocupa el solar de la antigua iglesia parroquial de Santa Cruz, derribada en 1814 tras la invasión francesa. En su centro se alza la Cruz de la Sierpe, del siglo XVII, a la que a veces se llama por error Cruz de la Cerrajería. No busques aquí un monumento imponente: su encanto está en la escala pequeña.

Plaza de los Venerables

Muchos la consideran el verdadero corazón del barrio, rodeada de bares y restaurantes donde siempre hay animación. Junto a ella se levanta el Hospital de los Venerables Sacerdotes, edificio barroco de la segunda mitad del siglo XVII que sirvió de residencia a sacerdotes.

Callejón del Agua

Une los Reales Alcázares con la Plaza de Alfaro y es uno de los rincones más fotografiados del barrio, con sus paredes cubiertas de enredaderas y flores. La tradición cuenta que por aquí discurría el antiguo acueducto que llevaba el agua al palacio.

Plaza de Doña Elvira

Con naranjos y bancos de azulejos, esta plaza ocupa el solar del antiguo corral de comedias de Doña Elvira. La tradición popular la asocia al Don Juan Tenorio, aunque nada obliga a conocer la obra para disfrutar de su sombra.

Calle Mateos Gago

En el siglo XIII se llamaba calle Borceguinería, por los fabricantes de calzado que tenían allí sus talleres; en 1893 se renombró en homenaje al catedrático Mateos Gago, y su aspecto actual data de una reforma de ensanche de 1923. Es la calle que conecta el barrio con la primera vista de la Giralda.

Reales Alcázares y Catedral

El barrio linda directamente al sur con la Catedral, el Alcázar, el Archivo de Indias —instalado en 1788 en la antigua Casa Lonja de mercaderes, construida entre 1583 y 1646— y el palacio arzobispal. Para horarios y tarifas de estos monumentos, lo más fiable es consultar siempre sus páginas oficiales antes de la visita.

Cómo recorrer el barrio: un itinerario a pie

Un recorrido con sentido puede empezar y terminar así:

  • Punto de partida en la Puerta de Jerez.
  • Paseo por los jardines del Alcázar.
  • Entrada al barrio por el Callejón del Agua hasta la Plaza de Alfaro.
  • Vuelta por el mismo Callejón del Agua, asomándose a los patios privados que a veces se abren al paso.
  • Llegada a la Plaza de Santa Cruz.
  • Bajada final por la calle Mateos Gago, con la Giralda apareciendo poco a poco al fondo.

No hace falta cronometrarlo: una mañana o una tarde tranquila bastan para hacerlo sin prisa, con paradas para tomar algo o simplemente sentarse a la sombra de un naranjo.

Cuándo ir y cómo prepararse

  • La primavera es la época más recomendada: el azahar y el jazmín de los naranjos y jardines llenan el aire de un olor que define el barrio.
  • El otoño es también una buena alternativa, con temperaturas más suaves.
  • En verano conviene visitarlo a primera hora de la mañana o al atardecer, para evitar el calor más fuerte del día.
  • Las calles son empedradas e irregulares, con cambios de dirección frecuentes de origen medieval: mejor un calzado cómodo, a ser posible deportivo.
  • No hay que temer perderse: es precisamente así como se encuentran las plazas y rincones que no aparecen en los mapas turísticos habituales.

Un consejo antes de salir: guarda el mapa un rato en el bolsillo. En Santa Cruz, doblar por un callejón sin salida suele ser la mejor decisión del paseo.

Dónde alojarse en el barrio de Santa Cruz

Quien decide dormir dentro del barrio suele encontrarse con dos tipos de alojamiento bien diferenciados. Por un lado, las casas patio rehabilitadas, que ofrecen la experiencia más local, con sus patios interiores típicos como centro de la vivienda. Por otro, los apartamentos con servicios de hotel, pensados para quien busca más flexibilidad en estancias largas o en grupo.

Sea cual sea la elección, dormir dentro del barrio tiene una ventaja clara: permite recorrerlo temprano por la mañana, antes de que llegue la afluencia turística, cuando las plazas todavía están vacías y el silencio se parece al que debía de tener el barrio hace un siglo.

Al final, el barrio de Santa Cruz no se recuerda por un monumento concreto, sino por esa sensación de calle estrecha que se abre de pronto a una plaza con naranjos. Vale la pena reservar al menos media jornada sin prisa para dejarse llevar por sus callejones y descubrirlo así, poco a poco.

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